Troppo

Carlos de Piérola, director de Restaurantes de Siempre

Nuestra celebración de fin de año empezó con una placentero almuerzo en Troppo, un lindo restaurante en Libertadores (San isidro). La carta no es larga así que se concentran en hacerlo todo bien. Destaco el amable y eficiente servicio. Los platos llegaron con buen ritmo, ni muy tarde como para perder la paciencia ni tan rápido como para sentir presión.

Entre los «antipasti» escogimos conchitas alla brace (al dente y con el toque dulzón del vinagre balsámico que le daba brillo y complejidad) y tartare de ternera (con crema de Pecorino Romano DOP y aceite de trufa negra) fresquísimo y goloso.

Tartare de ternera
Carbonara.

Los “primi piatti” fueron una carbonara impecable: pasta en su punto, guanciale (tocino de cachete), pecorino y las yemas a baja temperatura (inyectadas con caldo de guanciale) incorporadas en el plato. Clásica en su concepción con un giro creativo. El risotto al azafrán con tuétano fue una fiesta.

Risotto al azafrán con tuétano.

Ya no llegamos a los «secondi piatti», pero he prometido volver para probar varios platos incluidos una coteletta de bife ancho que me dejó inquieto.

Los postres: budino con una suave consistencia cremosa y un helado de pistacho preparado al momento. Cerramos con un espresso y un amaro Averna.

Vino blanco del Etna.

Llevamos un vino blanco del Etna proveniente de viñedos con suelos volcánicos. Excelente elección ya que combina frescura y fruta blanca con una sensación mineral típica de los vinos de la zona. El sommelier Anthony Quispe hizo un servicio impecable y nos sorprendió con un vino naranja de polendas.

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