La Botica – Taberna Restaurante

Van saliendo nuestros hijos a sus respectivos planes de fin de año en la playa: lunes, martes y el último hoy. Nosotros nos quedaremos en Lima, con tiempo para cumplir pendientes: atender últimos pedidos, emitir facturas, cerrar cuentas y, el más urgente de todos, ir a La Botica.Hasta hace 10 años en Petit Thouars 3910 (San Isidro) funcionaba Farmacia Maggiolo que seguramente sucumbió a la competencia de las cadenas modernas. Mantenían el formato clásico, con anaqueles de madera. Un tiempo después vi que había abierto La Botica, pero el rubro era otro. Entré de curioso y estuve conversando con uno de los socios quien al darle a mi nombre me comentó que había sido sectorista de las empresas que tuvo mi padre. Pero la pasión por lo criollo lo llevó a probar otros rumbos. Prometí volver. Y me demoré demasiado.

El piqueo de cortesía de la casa son unas aceitunas aliñadas que en su simpleza marcan una idea de la minuciosa sazón del local. Dos cusqueñas para acompañar: de Trigo y Dorada. Como entrada para compartir pedimos unos pejerreyes con limón y aceite de oliva. Hace poco estuvimos hablando en RDS sobre los pejerreyes y estos superaron largamente mis expectativas. Para pedirlos por docenas.

-Los fondos: palabras mayores-

Magistral seco de asado de tira. La carne suave y la salsa muy fina. Acompañado por un buen tacu tacu. Mejor aún el rocoto relleno. El guiso llena el plato con un toque suavemente dulzón que contrarresta los picores. Nunca pensé que diría esto, pero me gustó más que el de La Nueva Palomino, que es soberbio.

No quedaba espacio para el postre, pero, en la lista de cócteles tienen, aparte de los clásicos pisqueros, uno que se llama Grumete. Me explicaron que es un mini Capitán con 1 oz de pisco y 1 oz de vermouth y que me recomendaron para el final de la comida. como bajativo. Así lo hice. Hay que seguir la receta del boticario. Si no tienen ganas de ir hasta Isolina esta es una opción a la altura. Queda en lo más alto de mi ránking criollo. Los precios son moderados y las porciones nada tímidas.

Seguro que me daré mis escapadas para pedir en la barra una butifarra o un sánguche de chicharrón (y repetir esos pejerreyes). Y cuando vuelvan mis hijos a Lima los iré llevando para que conozcan mi nuevo (tardío) descubrimiento. Y escogeremos entre ceviche, arroz tapado, “las mollejas de mi suegra” (sic), lomo saltado, sangrecita con cau cau, tallarines verdes con apanado, lomo al jugo con pallares. Y cerraremos con unos picarones o guargüeros.

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