La Bonbonnière

El 17 de diciembre de 1996 salí de la oficina a las 6:30pm. Trabajaba en el área de importaciones de Unique. Unos minutos después, la casa colindante, la del embajador del Japón, era tomada por los terroristas del MRTA. No pudimos volver por nuestras cosas. No pudimos volver nunca más.

En la esquina siguiente, Marisa Guiulfo había comprado poco antes un local que estuvo cerrado por varios años. Su reapertura se tuvo que posponer por un buen tiempo. Sin embargo se encargaron de proveer con menús a los periodistas que rondaron por meses la zona.

En 1953 una pareja de franceses abrió La Bonbonnière en una ubicación muy especial, en la calle Burgos en San Isidro. Mis recuerdos de los 70 son de cuando pasábamos a comprar galletas y pasteles: lenguas de gato y orejitas de chancho que extraían de unos grandes pomos de vidrio. O mis preferidos de chico: relámpagos. También tenían chocolates. incluyendo huevos de pascua. Me cuentan que fueron de los primeros en hacer “delivery” para pedidos especiales en una citroneta (modelo carro del papá de Mafalda). Era un local impecable pero discreto, de una elegante austeridad. Con la experiencia y buen gusto de Marisa Guiulfo, la esquina volvió a florecer.

Ya en este siglo, vivimos relativamente cerca durante varios años por lo que podíamos ir caminando. Principalmente a comprar dulces los domingos en la tarde, una forma inconsciente de sobreponernos a la inminencia del lunes. También pasábamos algún día de semana, a partir de las 9 o 10 p.m., ya que ofrecen los pasteles 2×1. Cuando se ha podido, hemos celebrado el santo de mi hija yendo a comer. Y es que de confitería pasó a ser un café restaurante con carta completa. De alma francesa pero con espíritu peruano y toques cosmopolitas. Donde la butifarra se encuentra con un croissant mixto o un sánguche con prosciutto di Parma; la sopa de cebollas con una sustanciosa sopa criolla; el steak tartare, con un lomo saltado o un salmón al teriyaki.

Es un restaurante que tiene algo bueno para cada momento del día. Por ejemplo:

Desayuno: omelette de queso, jamón, champiñones, cebollas y pimientos. Media mañana: sánguche de jamón glaseado en pan de brioche. Almuerzo: piadina al tartufo para picar, ensalada con pavo, un risotto a los ajíes con lomo y de postre una contundente cocada con manjarblanco. Media tarde: un café, alfajores y guargüeros. O, si está cayendo el sol, un Aperol Spritz. Comida: steak frites con una buena botella de vino.

El negocio siguió creciendo para ellos y tienen varios locales. Me gusta el de Larcomar por la linda vista. Pero la experiencia completa está en el de San Isidro. Antes no era un zona de paso. Era un sitio al que no llegaba nadie a menos de que viviera por allí o estuviera yendo a La Bonbonnière. Hoy, a pesar de estar más expuesto y transitado, no pierde su encanto y cada vez que vas es un momento especial. Por ejemplo, un fin de semana de febrero cuando mucha gente está veraneando fuera de Lima y puedes volver a disfrutar de la tranquilidad de la terraza más linda de la ciudad.

(Foto del FB de La Bonbonniére)

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